Desgraciadamente conocí mucha gente que los sentía, pero que los esquivaba. Yo se que vos no lo hacías. Huías de la realidad, no del dolor.
Y esa sombra fue la que te traicionó.
Cuando se vive en un mundo así, cuando desde chico el entorno te forma como una bomba de tiempo y uno es pura dinamita, no podes hacer nada para cambiarlo, la opción es mirar el reloj.
Te rodeás de gente pero estás solo, estás solo pero estas más solo aun. Es jodido.
Y pensar que en teoría deberíamos haber sido "enemigos".
Me bancaste un tiempo. Yo hice lo posible por pagártelo, era impagable, pero desapareciste. Y ahora es demasiado tarde. Tu secreto queda guardado.
Me avisaron después de ir. Quise ir y no me respondieron, pero para que... sabes lo que opino.
Ojala tuviera una copia de lo que te mande para aquel "proyecto"!
El viento cambia y el ciclo vuelve a empezar.
The Downward Spiral"he couldn't believe how easy it was
he put the gun into his face
bang!
(so much blood from such a tiny little hole)
problems have solutions
a lifetime of fucking things up fixed in one determined flash
everything's blue
in this world
the deepest shade of mushroom blue
all fuzzy
spilling out of my head"
El rey de las ilusiones taradas una vez más -y por penúltima vez- ejecuta su jugada.
Un tratado sobre el enroque largo de una torre sin flechas, una princesa atrapada y su inminente estrategia de captura.
Un pequeño vaya-a-saber-qué sobre el equilibrio y la forma más sana de canalizar la ilusión o mejor aún: Cómo poner en jaque al deseo elevándose con altura.
Asciendo. Hasta lo más bajo de mi precipicio. Esa es mi conjura.
Siempre que conocí al amor fue estando en lo más hondo de la mierda.
La sensación que siento cuando me rescatan, la limpieza, el renacimiento, una nueva era.
No me preguntes. Descubrime. No me cuestiones, desarmame. Construyamos. Desarticulame.
No importa si sos freak o normal, no importa si no te gusta el mate y sí el carnaval.
Acepto. Hasta el presente más oscuro. Esa es mi condición.
Siempre que encontré un milagro fue estando en la vía.
La sensación que siento cuando el ventanal se cae y corta, la sangre, las heridas, una nueva tarea.
No te ocultes. Escondete. No te traumes, hipnotizame. Ardamos. Encendeme.
No importa si sos un ángel o basura, no importa si odiás los bizcochos y amás las verduras.
Asedio. Hasta trascender el cuerpo y tener tu espíritu. Esa es mi ley.
Siempre que quise querer algo lo devoro.
La sensación que siento cuando dos almas vibran juntas, se funden, se consumen y se lastiman.
No tiembles. Latí. No te descuides, sorprendeme. Fundámonos. Masticame.
No importa si es real o imaginado, no importa si te digo que soy libre y estoy atado.
Porque ni una pastafrola y coca-cola o tu chetismo camuflado pueden cambiar lo que creés que no puedo ver.
Porque sin ilusión no se puede ver la realidad, porque la realidad no existe sin una excusa para vivir.
Porque sé de excusas y sé de realidades, como vos dijiste: "sobre vivir se trata la vida".
Porque el viento siempre decide:
Hace que las llamas chicas se extingan,
y que las que valen la pena se aviven.
Ni el más frío ni el más sentimental.
Entre un poker
y la escalera completada con dinero
de las nueve puertas, no elijo ninguna.
Entre la música, las miradas
y todo lo que debería tener sentido,
no sostengo nada.
No lo retengo, no lo recuerdo, no.
En 18 y Ejido nadie me conoce y todos me miran
parecen saber que no puedo,
todos felices.
Esa pareja rubia que siempre anda junta,
los viejitos que se encuentran,
los que tienen una cita.
Los que hace miles de años que se aceptan.
El que se pone el buzo de rombitos con la de uñas negras.
Y los puchos se acaban.
No hay calor, sólo deseo.
A nadie le importa.
Tomar una en un barsucho, caminar por ahí,
dormir la siesta juntos, hablar o no hablar.
Mirar gente pasar, reirnos, improvisar
despedirme sabiendo que hay algo más.
Alguien que me extrañe.
Poder halagar. Poder agobiar.
Tomar de la mano. Ocupar una hora en mimos.
Observar y admirar.
Corromper y construir.
Perdernos.
Todas esas putas cosas que no.
Que ya no sé como eran.
Hasta el tipo más fuerte
sin amor
es débil.
Etiquetas: estrella de la muerte, viejo lobo de mar
Fabriqué mi estrella de la muerte. Hice que cada entrada sea una trampa. Además hice que los pasillos sean literalmente un laberinto. Inabarcable, contradictorio, peligroso. Sólo algunos valientes pudieron entrar.
Cuando entraron me encontraron como siempre me encuentran, solo en mi gran Salón Imperial, viendo el espacio exterior.
No podían entender de que manera o por que motivo sólo estaba sentado ahí viendo un enorme vacío, pequeños destellos entre la oscuridad.
Todos decían lo mismo:
- Lo disfruto -replicaba una y otra vez-, disfruto mi vacío, mi oscuridad, mi nada. Realmente disfruto mi máscara y mi voz robótica. Disfruto mis vicios tanto como disfruto mis carencias.
- No te entiendo, sos contradictorio.
- Soy, esa es mi esencia. Acompañame, tengo algo que mostrarte para que me entiendas.
Frente al mar veo el cielo, ya no es oscuro, es celeste, celestial, pero sigue siendo gigante, como el mar. Esa isla ahí siempre me limitó. Quise volarla un par de veces, pero esa barrera era la que me hacía querer a este mar como a ningún otro. Aunque sea el mismo mar.
Acá viví mis momentos más importantes, en la bóveda inferior. Los que entraron a mi estrella y vieron mi cara pudieron ver en mi reflejo estas mismas olas, estas rocas y el horizonte, sin isla.
Caña en mano, me metí al agua y me dispuse a tirar. Como siempre, antes de tirar hice una enormidad de cálculos.
Tiré.
- Ahora es sólo esperar.
- No entiendo como podés pescar. Es aburrido. Sos aburrido.
- Nada de eso borrega, nada de eso.
”A mi el mar me tranquiliza. Me responde, me pregunta, nos acompaña a todos. Siempre que me tengo que encontrar vengo acá. Siempre que quiero conocer a una persona trato de acercarme al mar. Cuando ves el mar con alguien, mirá siempre la manera en que lo observa, si hay tormenta mejor. Ninguna persona que se sienta incómoda enfrentando al mar es una persona que valga la pena. A quien le incomoda el infinito, tiene miedo de conocer y conocerse…”
Picó y ella empezó a vociferar frases cuasi hippies, mucho más hippies que mi discurso.
- Devolvelo. Es de la naturaleza. Lo vas a matar pobrecito.
- Lo quiero sólo para mi, no te preocupes, no lo voy a dejar sufrir, mi cuchilla acabará con su penar. No va a ser el primero ni el último.
Al verlo, era flaquito, desgarbado y parecía mover la cola como un epiléptico. Un pececito con ínfulas de tiburón.
- Lo voy a devolver –le dije-. Hoy no puedo explicarte porqué, pero no todas las cosas que conseguimos valen la pena. Prefiero dejarlo ir. Cuando crezca se va a dar cuenta que es sólo un pez mas en mi anzuelo y que si vive para contarlo es porque así lo quise. Mi deber antropológico está sujeto a mi moral y todavía no tengo tanta hambre.
Antes de tirarlo se jactó que le hice caso.
Ella no sabía que todavía quedaba un viaje más por hacer, tampoco sabía que era todo esto y mucho menos sabía que odiaba ese hippismo.
- Ahora por fin me vas a conocer -le dije-. Te voy a mostrar la razón de toda mi persona. Con pasiones, insaciable, volátil, acogedora, borrascosa. Con lagunas, mares y desiertos.
Acompañame, te voy a mostrar lo que hay en mi mente. Y es lo único que tengo para los demás.
(sigue en otro post)
No me creerían, pero soy uno de los tipos más perseverantes que conozco. Creo. No es como la fé, es mejor.
Más cerca de recibirme, a un año de esa foto, se presentan difusas las alternativas. Una cuestión de adaptabilidad. En un limbo dónde trabajar de lo que me gusta se está convirtiendo en necesidad, conviven la idiotez humana con la ilógica del sistema.
El puente entre el estudio y el trabajo no es fácil de transitar. Uno se prepara, uno confía, uno espera. Por monedas, por minutos. Lo transito igual.
Recorriéndolo entiendo que el idealismo es un sostén para no caer y la realidad lo destruye todo. Me doy cuenta que cada tabla cruje y en alguna puedo caer.
Nunca busqué tierra firme sino del otro lado del camino.
Algo va a pasar. Bueno o malo, pero definitivo.
Pase lo que pase, es cuestión de tiempo.
Sobre los otros puentes, no vale la pena hablar hoy. Hay que saber donde arriesgar.
No me creerían, pero soy uno de los tipos más intuitivos que conozco. No es la fascinación por el acierto. Es la adicción por el error.
Todos amamos los tests!
http://www.apreguntar.com/encuestas.php?id=471310fa46f8f
Vamo'.
Etiquetas: espontaneidad, everytime anytime, memoria, soledad, tiempo
Como todo en relación al tiempo, nunca conviene estar muy pendiente de eso.
La diferencia entre el fuego y las cenizas, también es un instante, ese momento en que no te podés controlar y en dos minutos arruinas todas las vueltas del reloj que invertiste para llegar ahí. Como un salto desde un avión sin paracaídas.
Te tiras o no. Aprovechas la situación o no. Dejas hacer, dejas pasar, dejas caer, soltás o abrazas. Te quemás y caés.
La vida se construye en pequeños momentos, separados por tiempo medible. Lo que pasa con la vida, es que en general, no la vivís por tiempo sino por momentos. La buena vida son momentos, la vida chata se cuenta en un reloj gris y heredado de costumbres que no sabes que son, pero están siempre ahí. Rutinas, en honor a viejos buenos momentos.
“Nos vemos todos los martes a las 8”, “todos los primeros viernes de cada mes hacemos un balance”, jamás, pero jamás se van a comparar con un desinteresado y espontáneo: "en un rato paso por ahí" o “Hoy te invito a comer” surgido de la nada. Quiero ser claro, los momentos se generan, los tiempos se coordinan. Mas allá de las estructuras, es claro que el ser humano en el fondo no se lleva bien con ellas.
Como todo es cíclico también, todo lo que sube baja y un final son varios comienzos. El tiempo nunca retrocede, pero se estira.
Después de varios golpes y un par de cambios de pilas, te das cuenta lo inútil que es seguir las horas por tu reloj o el reloj de alguien mas, empezás a guiarte por momentos.
Cuando alguien me cuenta historias y recuerda las horas, seguro que no es algo que vale la pena. Rutinario, opaco, causal.
Cuando en cambio me cuentan cosas, según los momentos, sé que esos momentos laten, que viven y resucitan, aunque sea de forma anecdótica para ser contados una vez más, que cómo debe ser, ocurre en el momento debido.
A una hora nunca señalada.



